Una Matriz Transpuesta, Tres Cafés y Muchas Camionetas Rojas S03E28

“A partir del 1 de enero, la compañía se reorganizará por Unidad de Negocios”.

Lucila leía el mail con sorpresa. En poco tiempo tendría un reloj que le avisaría que sus pulsaciones habían pasado de 80 a 120 por minuto y que sudaba imperceptiblemente. Los resultados de la empresa en la región habían sido excelentes a pesar del contexto macroeconómico. Todo su equipo había recibido una felicitación del VP de la región, Jorge, y ella se sentía orgullosa. Ya hacía seis meses había cambiado de área. Lo había logrado después de decidir no hacer ese MBA y conversar con su jefe y con gente de Recursos Humanos sobre su interés en seguir creciendo y ser parte de algo mayor. Seguía en Argentina pero ahora en “cosas dulces”.

Un cambio lateral es como un ascenso

Al fin y al cabo si vamos a vivir 120 años, aprender vale tanto como el dinero.

Siguió leyendo: “Las unidades de negocios estratégicas serán Cosas dulces (SWE), Cosas saladas (SAL) y Servicios (SER), con Saitam, Marianne y Jorge como vicepresidentes de cada UN a nivel global.” No entendía. Saitam estaba a cargo de Asia; Marianne, de Europa y Jorge, de Américas. “Cada Country Manager será reasignado dentro de la estructura de un negocio de acuerdo a lo que ya conversaron con sus jefes. Solo el 10% de la nómina será afectado, de acuerdo a sus evaluaciones de desempeño y los resultados de su área.”

Eran diez personas en su equipo, el diez por ciento era uno… ¡Y ella era la más nueva! Seguro que la echaban. Su cabeza ya se estaba castigando por no mantener actualizados su CV y perfil de LinkedIn y por no ir a esa entrevista de empleo unas semanas atrás. Suspendió mentalmente sus vacaciones en el sudeste asiático, canceló Netflix y Spotify y se imaginó, de nuevo, en la casa de sus padres.

Cuándo hay un vacío de información, se asume lo peor

Lucila estaba paralizada.

Daniel sintió esa tensión. Levantó la cabeza, pero la bajó enseguida. En sus 18 años de trabajo en la empresa, había visto a muchas Lucilas enfrentar ese tipo de anuncios.

Siguió trabajando lentamente, igual que siempre.Había estudiado administración de empresas sin ganas. Sabía que tenía que hacerlo y eso le permitió entrar a esta multinacional alimenticia. A su vez, eso le sirvió para mantener a su familia, jugar al fútbol con sus amigos y viajar a la costa una vez al año. No lograba entender cómo alguien podía sorprenderse con esos anuncios, que se habían vuelto algo habitual. Como si no aprendieran de la historia.

A partir de ahora, entendamos que las empresas deben reorganizarse cada dos o tres años

Un café

Mientras Lucila me contaba esto y yo imaginaba a su compañero Daniel, el mozo levantaba la taza de café. Pagué la cuenta y me quedé un rato en el bar, ya solo, mirando por la ventana, pensando.

De repente ya no podía ver los negocios de enfrente. Una camioneta había frenado a descargar algo. No era cualquier camioneta. Era una de las de la empresa que lideré hasta hace dos años. Casi saludo, pero me dio un poco de vergüenza; ni siquiera sabía si conocía al repartidor.

Mientras lo veía descargar el pedido, recordé anécdotas: cómo me gustaba discutir el diseño de las camionetas para que fuera innovador o cómo llegaba a la empresa, una década atrás, a las seis de la mañana a ver la carga de pedidos para buscar oportunidades de mejora.

-¡El gerente es un estorbo y seguro que viene con esas pavadas como que usemos enterito! -imaginaba diálogos entre ellos.

Mirando la camioneta, absorto en mi mundo, también pensé, casi con cariño, en mi alegría durante 18 años, cada vez que veía una en la calle. Sentía que resaltaban, que me llamaban. Era mágico: como cuando uno mira el reloj y ve las “12:34”, pensando en lo improbable de ver esa hora, o como cuando una mujer está embarazada y ve que de repente todas están embarazadas.

En ese momento me di cuenta.

Hacía más de un año que no veía una camioneta. Sabía que estaban, porque a la empresa le iba bien. Pero no las veía.

Vemos lo que queremos ver

Mis sentidos estaban tan enfocados en la empresa, que había desarrollado esa capacidad al máximo. Tardé un tiempo en perderla, o más bien en dejarla ir, para reemplazarla por otra.

Otro café

En otro bar parecido, en esos tiempos en los que tenía un radar de camionetas rojas, tomé un café con Ale Melamed.

-Hola, soy Leo Piccioli, de Staples -me presenté, orgulloso.

Ya entrados en confianza, me mostró que había tomado como segundo apellido el nombre de la empresa.

-Sos Leo Piccioli. Trabajás en Staples, pero tu marca tiene una vida independiente. Eso implica que tenés que cuidarla, pero también que tenés que formar equipos, en la empresa, que no te necesiten. Siempre construyendo ambas, con honestidad y pensando en el largo plazo.

Nuestra marca personal supera a la de la empresa. Y la marca de la empresa supera a la personal.

Alejandro, además de ayudarme, fue uno de los que me mostró el valor de la generosidad, de aportar a otros sin esperar algo a cambio. O, al menos, sin esperarlo en el corto plazo. No es importante esa distinción.

Tercer café

Una charla igual de intensa tuve hace poco con Mariana, directora de Recursos Humanos, con más de 14 años de la misma corporación.

-Me dan un premio si me quedo tres años, porque voy a tener que hacer cambios nuevamente. Ya es la tercera vez en cinco años que reducimos la planta de personal. Estoy agotada. ¿Qué me recomendás? -con su reacción, Mariana me hizo acordar un poco a Lucila.

-Elegiste Recursos Humanos para cuidar a la gente. Si la empresa toma una decisión y no la podés cambiar, podés ayudar a pulirla e implementarla de la mejor manera posible. ¿Pensás que un desconocido o alguien con menos experiencia podrá cuidar mejor a la gente en esta época de cambio? Por otro lado, también debemos tomar conciencia de que “esta época de cambio” puede no terminar nunca. Creo que todos tenemos que pensar en el largo plazo o, tal vez, no tan largo. ¿Qué necesidad va a satisfacer la empresa en el futuro? ¿Qué hacemos hoy, que todavía nos va bien, para estar preparados? Trataría de instalar estos temas a nivel individual y grupal para que sea menos sorpresivo.

Tenemos mucho más poder en la empresa del que creemos

-¿Sorpresivo? ¡Jajajaja! No estoy sorprendida. Estoy acostumbrada -ahora Mariana me hacía acordar más a Daniel.

Preocupémonos si la empresa no se reorganiza cada dos años

Fue en ese momento en el que me di cuenta cuál era mi foco actual. Me fascinan las dinámicas en las organizaciones, la cultura, la estrategia. Todo lo invisible. Ésa es mi nueva camioneta roja.

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