Tu Jefe, ¿Pasa un Psicotécnico? S03E12

Casi imperceptible fue la expresión de sorpresa, tan rápida que si no hubiera estado mirándola me la habría perdido. Un rato después, recordando la conversación, encontré el adjetivo para describir ese microgesto: estupefacta.

-¿Dónde está tu jefe ahora?

Parados en la vereda una tarde bastante fresca de un lunes de otoño en Buenos Aires, era la primera vez que charlaba con Romina.

-No tengo jefe, estoy buscando trabajo -me respondió lacónica. Siempre quise usar esa palabra.

-Claro, pero imaginate cuál es el que te gustaría tener. Pensá tu búsqueda de empleo como si fueras una posgraduada en marketing y segmentá -le dije mientras le guiñaba un ojo.

-Y… para el puesto que busco hace falta una empresa que invierta en innovación, no son muchas.

Bien, ya sabemos dónde trabaja su futuro jefe, pensé.

-¿Tiene estudios universitarios?

-Sííííí, sin duda. Tal vez de posgrado. Imagino algo que incluya mucho vínculo de la ciencia y los negocios, tipo ingeniería.

-Excelente, entonces ya terminó la carrera. ¿Hace cuánto?

-Y… tuvo experiencia en alguna otra empresa, tal vez no estuvo contento y siguió buscando. Debe hacer mínimo 8 años.

-Perfecto. ¿Y máximo?

-Para el puesto de innovación, solo excepcionalmente tendrá más de 15 años de recibido.

-Entonces ya sabemos que estudió ingeniería, se graduó hace entre 8 y 15 años. ¿Qué más lo hace especial?

-Estudia mucho para mantenerse al día -y porque le encanta. Es un poco nerd, como yo -agregó sabiendo que estaba todo bien.

-Excelente, ¿entonces en dónde encontramos un ingeniero de entre 32 y 42 años que siga estudiando y trabaje en una empresa innovadora?

-¡Genial! Ya me pongo a listar las empresas más innovadoras e investigar formas de mantenerse al tanto de las novedades, imagino que estará mucho tiempo online… Tal vez en LinkedIn. ¡Hasta puedo segmentar a todos mis potenciales jefes, pensarla como una campaña de marketing en donde el producto soy yo y mostrarme! ¡Gracias!

-Gracias a vos por comprar mi libro 🙂

Si no encontraste trabajo a tu manera, probá a la manera de otro.

El cepillo de dientes

-Claro, es como cuando a mis 18 años le mandé un cepillo de dientes a una agencia de publicidad -me contó, como al pasar, Flor en un evento.

Una clave de marketing (y de seducción, que es lo mismo) es dejar al otro con ganas de saber más.

Traté de aguantar, pero no llegué ni a quince segundos.

-De verdad quería trabajar en esa empresa, tenía todo lo que yo quería: era muy reconocida, la gente estaba contenta, podía aprender. Hice el proceso de selección y me sentí una más, me quedé con la impresión de que era una lotería si me llamaban o no.

Flor sigue siendo inquieta, ambiciosa e innovadora.

-Me quedé pensando esa noche, algo angustiada, ante la perspectiva de perder esa oportunidad, frente a la posibilidad de no quedar seleccionada en la empresa de mis sueños. Uno piensa en los momentos más raros: “Yo me quedaría a vivir en la oficina, si hiciera falta”. Me estaba cepillando los dientes.

Necesitamos momentos distintos para lograr ideas distintas. Cepillate los dientes tres veces por día.

-Compré un cepillo de dientes, le puse un papelito diciendo “Estoy lista para vivir con ustedes” y lo mandé a la gerente que estaba buscando ayuda. Me contrataron.

-Pero, ¿no te dio miedo de hacer el ridículo o que te ignoraran?

-Poco. Hay cientos de miles de empresas, si hacés las cosas con honestidad no puede pasar nada malo. Además, era una agencia de publicidad que hacía cosas locas, ¿qué más querrían que yo llamara la atención así?

Si los valores de donde querés trabajar y los tuyos son compatibles, asegurate de que se note.

Otra vez los huevos

-¡Un repartidor de su empresa sacó la mano por la ventana y estrelló un huevo contra mi parabrisas! ¿Qué van a hacer al respecto?

No teníamos un proceso para ese tipo de reclamo.

Por suerte, o no, ya en esa época yo era gerente general y alguien escuchó al que llamó (nunca supimos si era cliente), tomó nota del problema, pidió disculpas y ofreció una solución. ¿Habremos lavado el auto? La verdad, no lo recuerdo.

Lo que sí recuerdo fue mi reacción cuando supe que era un empleado nuevo.

-Pero ¿cómo? ¿No le hacemos psicotécnicos a todos los ingresos?

-Era una urgencia, se lo íbamos a hacer después.

Recuerdo mucho mejor mi enojo y sensación de impotencia, que las palabras que surgieron de mi boca. Me calmé y pregunté:

-¿Por qué pensás que pedí los psicotécnicos?

-Para ver si aprobaban -me dijo el selector.

Igual que una entrevista de trabajo, un psicotécnico es solo para conocer más -no se puede aprobar. Tampoco desaprobar.

Una vez más había delegado mal. Di la orden “háganse los psicotécnicos”, pensando en usarlos para tomar mejores decisiones. Lo que escucharon fue “tilden la casilla del psicotécnico, cuando puedan”.

Para delegar con eficacia debemos explicar las razones detrás de lo que delegamos; tratemos a la gente como inteligente y va a comportarse como tal.

Volviendo a Romina y la búsqueda de empleo, un adagio de moda es “la gente no renuncia a las empresas, sino a los jefes”. Supongamos que es verdad. Ergo, también debería serlo “la gente no entra a las empresas, sino a trabajar con un jefe”. Sin embargo, desde el “employment branding” o todo el proceso de selección, suele ponerse el foco en los valores que la empresa quiere mostrar o en las tareas a realizar -pocas veces en la personalidad de con quien trabajaremos.

¿Qué porcentaje de los nuevos ingresantes sabrán, apenas conocen a su jefe el día uno, que no van a poder trabajar en ese lugar?

Me quedó pendiente recomendarle a Romina que pensara con qué tipos de jefes trabajó a gusto y qué tenían en común. Recordando que en el libro sugerí que era buena idea que los políticos también pasaran por un psicotécnico (al que nosotros tuviéramos acceso), quizás sea el momento para que las empresas muestren más a los jefes, sus actitudes, valores, perfil.

Compartir los psicotécnicos de los jefes para que los candidatos elijan bien.

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