Tinelli, bitcoin y el calentamiento global S03E35

Hay dos tipos de personas, los que invierten conscientemente y los que lo hacen sin darse cuenta.

“No tengo nada para invertir, este artículo no me interesa”, diría un pesimista. No coincido.

Franklin, mucho más que un termómetro

“El tiempo es dinero” dijo Benjamin Franklin luego de arriar su barrilete. Tal vez porque me encanta, pero enseguida pienso en yogur. Puedo fabricarlo yo mismo, dedicando tiempo, o usar dinero para pagar el tiempo que dedicaron otros. Franklin tenía razón y la inversa es verdad también:

El tiempo es dinero y el dinero es tiempo.

-La Argentina es impredecible -le dije a Regis, responsable de Recursos Humanos a nivel global en 2009. Francés, se ve que estaba un poco más acostumbrado a las sorpresas latinas que los norteamericanos.

-Tenés que dedicar un 20% de tus recursos a los imprevistos y al largo plazo. Un 20% de tu tiempo, un 20% de tu ganancia, un 20% de tu equipo. Te van a decir que no se puede, hacelo igual. Es un ahorro para el futuro.

Me parece que esa conversación de hace casi diez años me marcó fuertemente, más cuando se cruzó con lo que aprendí de mi coach tiempo después: Disciplina es posponer placer presente por placer futuro.

“El corto plazo no me deja pensar en el largo plazo” es, entonces, una excusa. Creo que en todas las entrevistas que me hicieron este año me preguntaron variantes de ‘¿cómo hago para estudiar si no tengo dinero?’ o ‘¡vos querés que construyamos algo cuando no tenemos para comer!’ ¿Será que no tenemos dinero para comer porque no estudiamos ni construimos lo suficiente? Supongamos que tenemos que repartir nuestro tiempo entre corto (C) y largo (L) plazo y hay una forma ideal, que no conocemos. Podemos equivocarnos dedicando demasiado a “C” o demasiado a “L”, pero solo sabremos el resultado después. Desafío: encontrar un caso en el que alguien (persona, empresa, Estado) se haya equivocado por enfocarse demasiado en el largo plazo.

El foco en el corto plazo nos mata en el mediano plazo.

Siempre las máquinas

“Hola, soy Manuel y hago mantenimiento de máquinas. Comparto que el mundo está cambiando, creo que lo mío también, ¿qué me aconsejás?”. Manuel no lo supo, pero su pregunta cuando estaba en un programa de radio al aire, me dejó pensando mucho.

-Estudiá, nutrite, entendé hacia dónde va el negocio. Pero no te enfoques en las máquinas que reparás, sino en lo que esas máquinas hacen, en el problema que resuelven, en la emoción que generan en sus clientes finales. ¿Cómo será eso en dos años? ¿Qué tendencias hay? ¿Qué, que no lo sabés? Obvio que no lo sabés, nadie nos enseñó a pensar el futuro.

El futuro debería ser materia obligatoria, como la ciencia ficción.

-Cerrá los ojos, pensá en lo que cambió tu negocio últimamente, comparalo con otros mercados e imaginá cómo sigue. Empezá por la sonrisa del cliente de dentro de un par de años y andá para atrás: ¿Qué acaba de pasar para que sonría? ¿Y qué hizo falta para eso? Vas a tener que tomar hoy decisiones sobre el futuro que creés posible; y esas decisiones son clave, van a ayudar a diferenciarte. Sé el Manuel que en dos años va a tener mucho trabajo, que encontrará una solución para un problema que hoy es solo incipiente. Estudiá, investigá, planeá y actuá.

Sin darnos cuenta, soñar el futuro nos lleva a crearlo.

Sin embargo, se dan algunas paradojas: la clásica es pensar que lo que nos trajo hasta aquí nos llevará exitosamente al futuro. Un ejemplo de esta contradicción es el conductor y productor argentino Marcelo Tinelli, quejándose de que las radios y canales de aire ya no son negocio, mientras mira Netflix en la casa. Un ejemplo positivo: Wetoker, en donde publiqué algunos podcasts hace tiempo, creado por “gente de radio” que hizo el ejercicio de pensar el futuro e invertir.

Otra paradoja: aunque el calentamiento global está demostrado y, por ende, el nivel del mar aumentará, seguimos invirtiendo en propiedades costeras. ¿Es de distraídos u optimistas?

Rico en un abrir y cerrar de ojos

Como si fuera Nostradamus, ya sabía lo que quería Guido, amigo de mi hija de 19. En 2017 me había escrito para que lo aconsejara sobre cómo ganar dinero invirtiendo en acciones. “No compres ni vendas”, creo haberle dicho. Y le conté que, a mis 18 años, compré acciones de dos empresas (Ipako y Renault) porque todos decían que iban a andar muy bien.

Si todos dicen que algo va a funcionar pero nadie invierte, no tiene sentido. Y si todos invierten, tampoco.

Perdí más de 20%.

Otro día, creo que por enero de 2018, me preguntó por las criptomonedas. “Comprá solo si estás tranquilo de perder todo”, le respondí. Su cotización había subido absurdamente y parecía que el que no compraba, quedaba fuera del mundo.

Y esta vez, hace solo unos días, me dijo, textualmente: “Leo, ¿es verdad que el mercadeo en red es el negocio del siglo XXI?”

Había leído la frase “mercadeo en red” como una traducción de “multilevel marketing”, empresas que construyen estructuras de ventas en donde se puede ganar dinero vendiendo los productos -o atrayendo otras personas que también vendan los productos. A veces, esos productos son valiosos. Pero en muchos casos (no voy a nombrar a ninguno, aunque tengo contactos que trabajan en algunas de empresas) son estafas, en donde el producto es una excusa y la única forma realmente de ganar dinero es convenciendo a otros de que realmente pueden ganar dinero. No es un oxímoron, pero seguro es una figura literaria que tendré que aprender.

Para validar si algo es una oportunidad genial, pensá si es un secreto. Si no lo es, millones de personas deberían estar aprovechándola -con lo que dejaría de ser una oportunidad genial.

-Guido: cuánto antes pruebes estas cosas, mejor.

-Pero, ¿decís que no voy a ganar dinero? Mi amigo me dice que es un negocio genial.

Cuando algo está de moda, ya es tarde.

O dicho de otra manera:

Invertir -tiempo o dinero- también es un juego de diferenciación.

-Entonces, ¿en dónde invierto ese 20% de mi tiempo y dinero, que te aconsejaba el francés responsable de RR.HH.?

-En donde tengas ventajas comparativas. Si sos un experto reparando máquinas, en estudiar el futuro de esas máquinas. Si estás todo el día en el mercado accionario, en acciones. Si sos arquitecto, en propiedades u objetos de diseño. Si te dedicás al liderazgo del futuro, en empresas que lo representen.

-Jajajaja, ¿me vas a decir que hacés eso?

-Claro, invierto solo a largo plazo: desde hace unos años tengo acciones de Amazon, Netflix y Tesla porque confío en sus negocios y en su equipo de management. Pero ahora hice una locura: cuando una empresa me contrata para dar una conferencia, tal vez pecando de exceso de confianza, pienso que el management de la empresa entiende que tiene que evolucionar. Entonces, si puedo comprar acciones, lo hago. Mis últimas dos charlas quizás fueron gratis: ¡invertí en ellas más de lo que cobré!

-Cuando decís disruptivo, yo digo… loco.

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Nota: me voy a dedicar cuatro días a un curso para seguir aprendiendo en Nueva York. La semana que viene no publico ningún artículo; es una buena oportunidad para invertir tiempo en ver una charla TED: empezá por una sobre música clásica y dejate llevar.

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