Millennials, el Dólar y Robert De Niro S03E26

“Toda gran ciudad del mundo tuvo sus incendios: San Francisco, Londres, Sidney. Eso les permitió empezar de nuevo, dar un salto en lugar de ir haciendo ajustes. Y aprendieron que, cuando llamás a los bomberos, no viene después una factura por el servicio. Eso es lo que tenemos que hacer con la seguridad informática y los casos de hacking: formar una fuerza multinacional que apague el incendio e investigue cómo pasó y qué hacer para que no vuelva a suceder, como con los accidentes aéreos.”

La verdad, ya no sé cómo llegué a escuchar un podcast sobre la seguridad informática en Marte. Pero el mismo día, Guido, amigo de mi hija adolescente, me preguntaba por qué no parecía desesperado por la devaluación de la moneda argentina. “Porque en 1989, cuando casualmente empezaba mis estudios de economía, el país tuvo 196,6% de inflación en un mes. Lo que empezaba costando $100, terminaba el mes a $300. Eso me marcó, me llevó a entender que, si quería vivir en la Argentina, tenía que, lamentablemente, aceptar la inestabilidad de su moneda. En nuestro caso, que el Estado tenga el monopolio de la emisión monetaria es como darle a un ludópata una habitación gratis en Las Vegas”, le expliqué. Pero me quedé con la sensación de que, como yo, lo va a entender recién en unos años.

“En 1939, cuando se declaró la guerra en Italia, mi familia vendió una casa en Carrara para comprar otra. Dejó la seña. Eran épocas muy raras. A los pocos días, el dueño de la casa nueva quiso aumentar el precio. Para mi padre era inadmisible, la palabra dada era sagrada. Finalmente, lo conversaron y lo resolvieron, pero nunca me voy a olvidar su reacción, su indignación”. Sin siquiera pedírselo, mi papá, en el medio de la corrida cambiaria del último jueves de agosto, me regaló otra historia de cuando él tenía seis años.

¿Y si aprendemos de las historias, como nos enseñaron los griegos?

¡Soy perfecto para ese puesto!

“No entiendo por qué no me contratan, si tengo toda la experiencia que necesitan”, me dijo Jorge hace no tanto. Fue uno de las tantas personas que empatizaron conmigo, un poco por la edad y otro poco por el cambio en la carrera. Difícil decirle que las empresas no contratan historia, sino presente y futuro. La clave, entonces, es simple:

Convirtamos la historia en presente y futuro.

O dicho más agresivamente:

Lo que hiciste en el pasado no te da derecho a nada.

(Podría agregar un argumento explicando por qué tampoco nadie tiene derecho a que el Estado le dé algo, sino que son beneficios que pagamos entre todos -porque todos somos el Estado, pero nadie lo es. Sin embargo, ni voy a nombrar el tema.)

En realidad, si querés la versión más políticamente correcta, podrá ser:

Asumí que no te van a ayudar: ayudate, y agradecé la ayuda que venga.

¿Entonces qué?

“Necesitamos un financiero con canas”, dijo alguien -con canas- en la reunión de Directorio en 1999. “Pero no cualquiera”, deberíamos haber agregado. Éstos son las cuatro claves para, si tenés más de 45 años, seguir siendo valorado y aportando valor, valga la redundancia.

Humildad: Como consecuencia del modelo educativo (40 horas semanales de estudio durante 20 años para después empezar la carrera y “no estudiar más”), pensamos que a los 25 ya “sabemos” y que a los 45 “tenemos la experiencia”. Nos volvemos menos humildes, menos capaces de aprender. Somos el vendedor “que se las sabe todas”, “siempre lo hicimos así”, que no va a cambiar. No sabemos lo que no sabemos y cuando vamos a una entrevista el selector siempre es mucho menor, pero tiene el poder. Acostumbrémonos: nuestro jefe también será menor que nosotros.

Si hay algo que aprendimos es que lo que no sabemos es mucho, pero lo que ni siquiera sabemos que no sabemos, es infinito.

Generosidad: ¿Está de moda el storytelling? ¿O, simplemente, es mucho más natural y lo que no tenía sentido era aprender de presentaciones aburridísimas? Uno de nuestros mayores desafíos es encontrar, en cada historia, un aprendizaje -primero para nosotros, después para compartir. Los mayores de 45 debemos ser abiertos y generosos con lo que nos hace únicos, con lo que vivimos.

Compartir historias para ayudar -no para satisfacer nuestras ganas de contar.

Tolerancia: “Es una charla para emprendedores, esperamos 1500 personas el sábado 28 de abril a la tarde.” Cuando me dio un domicilio que no reconocí como un salón para eventos, tuve que googlearlo. Era una iglesia evangélica. El Leo de 35 años se habría horrorizado: ¿cómo iba a ir un ateo a dar una conferencia en una iglesia? Pero, por suerte, tengo ya más de una década de experiencia con esa edad, lo que me ablandó, me hizo más tolerante y, al mismo tiempo, curioso.  Los mayores de 45 tenemos que acompañar al joven líder que quiere cambiar el mundo, dejarlo cometer errores. ¿Acaso alguien aprendió a caminar con una explicación?

Los de más experiencia debemos ser tan tolerantes con los jóvenes como nos habría gustado que fueran con nosotros.

Porque, si no es así, alguien puede pensar que nos estamos vengando.

Paciencia: Encontré un pedido publicado en 1995 en Internet: “Estoy buscando cursos de posgrado sobre comunicación o periodismo”. Recorriendo la historia posterior del autor, recién en 2016 se enfocó realmente en comunicación, aún sin haber realizado ningún curso. Sí, yo puse ese mensaje, ya en ese momento me interesaba escribir. Me había olvidado. Lo que te interesa hoy, lo que aprendas mañana, lo que relaciones pasado mañana, te va a servir seguro, aunque no sabemos cuándo. Lo mismo debemos transmitir a los jóvenes: podemos equivocarnos, siempre hay tiempo de recuperarnos. Como una vez me dijeron: “Esto es una maratón, no un esprint” (gracias rae.es).

Nada es inútil, no dejes de aprender.

¡El líder tiene que ser millennial!

Si sos millennial, y jefe, buscá ya alguien bien mayor, que te dé confianza, que veas humilde, generoso, paciente y tolerante. Escuchalo, después hacé lo que quieras. Quiero ser Robert De Niro en El Pasante.

Todos somos Pasantes.

Recomiendo seguir a @sebacampanario y la #revolucionsenior

#Para enterarte de mis artículos, podcasts y videos (y no depender de algoritmos) podés recibir un mail cada domingo. Si querés mi libro, buscalo en http://www.soysolo.com.ar

Desde ya te agradezco que compartas por cualquier red o medio. Incluso impreso 🙂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *