Los 6 Nosequé de la Corporación S03E25

“Auxilio”, quería gritar el jueves a la mañana. Ya tenía el tema del artículo definido hacía tiempo y había decidido que éste era el mejor momento para escribirlo y publicarlo. Lo comencé varias veces, revisé más de 700 ideas que fui anotando en Trello, conversé, investigué. La hoja no estaba en blanco, sino mucho peor: decía lo contrario a lo que quería explicar. Sabía que tenía cosas para decir a favor de trabajar en una corporación, pero me costaba identificarlas.

Hasta que me di cuenta de que ése era el nudo.

Cuando no podés analizar algo, analizá por qué no podés hacerlo.

Conté mi salida de la empresa como un reality, publiqué un libro con un título alegórico, hasta di conferencias sobre cómo reinventar tu carrera. Todo eso es parte de la moda del entrepreneurship. Carteles en los colectivos con fotos de una señora amasando en los que se lee “Empezá tu propio negocio”, sin pensar en la saturación de pizzerías o carbohidratos que sufriríamos. Clasificamos a algunas de las nuevas empresas con el nombre de animales mitológicos, disparando titulares en las noticias como “¿Será XXX el nuevo unicornio de Latinoamérica?”  Hay locos que quieren cambiar el mundo, otros buscan colonizar algún planeta. Todos cuidando sus ideas brillantes que los van a llenar de dinero.

Emprender también es ser parte de un rebaño: el de emprendedores.

En muchos países, y con razón, no solo las empresas tradicionales son mal vistas: sus líderes son percibidos como demasiado ambiciosos, dispuestos a cualquier cosa con tal de ganar más dinero y solo enfocados en el corto plazo. Claro, ¿quién se anima a hablar bien de empresas y empresarios, entonces?

No olvidemos que el objetivo de un emprendimiento es dejar de serlo y convertirse en una empresa estable.

Maldita zona

La “zona de confort”, ese espacio indefinido de donde supuestamente debemos salir, es lo conocido, lo previsible; aunque no sea bueno. Docenas de veces calculé cuánto tiempo pasaba en el auto por año -obviamente mientras estaba yendo o volviendo del trabajo. Mis tres horas diarias se convertían fácilmente en un mes al año. Y, si quería torturarme más, lo calculaba sobre el total de mis horas despierto (11%). Pero seguí manteniendo la rutina por varios años, a veces haciendo microajustes y otras, simplemente, aprovechando el viaje de alguna manera. Había entendido que ese viaje era el precio de vivir en donde quería vivir y trabajar en donde quería trabajar.

Si no salís de la zona de confort, aceptá que estás bien donde estás.

Anuncios

“Excelente clima de trabajo”, “Oportunidades de crecimiento”, “Salario y beneficios acordes a mercado”, “Empresa líder en su rubro”, “Excelencia profesional”, “Capacitación y desarrollo”… Creo que ya estamos cansados de ver anuncios similares de las empresas. Por eso quiero convencer a independientes y emprendedores de las maravillas de las empresas con estos hermosos anuncios buscando empleados:

  • “¿Querés desarrollar tu familia, verlos crecer sin sorpresas?”
  • “No pierdas tiempo buscando inversores y administrando la burocracia, vení a trabajar con nosotros que tenemos recursos infinitos y una burocracia domada.”
  • “¡Seguí tu pasión! ¿No sabés cuál es? ¡Seguí la nuestra, entonces! ¡Anotate ya!”
  • “¡Una hipoteca a treinta años es totalmente posible si venís a trabajar con nosotros! Además, hay frutas gratis los viernes.”
  • “¿Te sentís un don nadie? ¿Te gustaría que tus amigos te respetaran? Vení a trabajar a Aurorita S.A. y te damos tus tarjetas personales: ¡vas a poder decir ‘Soy Don Nadie de Aurorita S.A.’!”
  • “¿Te encanta la vida social? Ampliá tu círculo trabajando con nosotros. Diez mil empleados a un click de distancia, after office, fiestas anuales, family days, días de campo, almuerzos para charlar del programa o serie de moda. Los lunes, prohibido empezar la reunión sin hablar de deportes y de Mirtha. No te lo podés perder.”

REVOTE

  1. Recursos: como líder, tuve el desafío de empujar a mi equipo a aprovechar los recursos de la empresa, a proponer objetivos nuevos, casi imposibles, y pedir dinero, gente, información o cambios para lograrlos: “Hasta que no te digan claramente que no, no hiciste todo lo posible”. Válido también para el desarrollo personal: cursos, experiencias en otros países o simplemente conversaciones con gente interesante de la organización son bastante más simples -y enriquecedoras- de lo que parece.
  2. Estabilidad: el empleo en una empresa no es eterno -aunque a veces lo sintamos así. Pero es claramente más estable y predecible que emprender, en donde el 80% falla dentro de los dos primeros años. Si comparamos esto con el porcentaje de nuevos empleados echados en esos dos primeros años (supongamos, exageradamente, un 20%), es claramente menos riesgoso.
  3. Visión: sería genial que cada uno esté apasionado por algo, que lo persiga con toda su energía. Pero muchas veces no sabemos qué nos apasiona, no tenemos una Visión. Una solución simple y cómoda es seguir la visión de otro y no tener que ocuparse en pensar la propia.
  4. Orden:  las empresas, para funcionar, necesitan reglas, procesos, hasta conjuntos de reglas (“códigos”), como si fueran un país. Esto, en ciertos momentos de la vida y para ciertas personas, es fantástico: podemos limitarnos a cumplir y, como alguna vez pensé con respecto a lavar los platos, eso relaja.
  5. Tribu: somos seres sociales y necesitamos -en distinto grado- vivir en sociedad, valoramos el sentido de pertenencia. Sea la taza o la botellita híper cool de agua, cada una tuneada a su manera, pero con el logo de la empresa, la credencial que llevamos colgando por la calle “sin darnos cuenta” o, simplemente, las señales que damos cuando interactuamos con otros grupos los fines de semana (“¿En donde trabajás?” parece más un “Preguntame por favor en dónde lo hago yo” que un interés genuino por el otro). Todo eso genera la sensación de “pertenencia”.
  6. Esfuerzo: suelo trabajar setenta horas por semana. A pesar de que en algunas empresas sentimos que es imprescindible mostrar una cantidad de horas similar, el costo de no hacerlo no es el despido sino simplemente el estancamiento. Elegimos hacerlo porque queremos crecer. Pero comparando peras con peras, el emprendedor tiene que esforzarse más todos los días – porque, si no lo hace, su ingreso puede ser cero.

¿Quién trabaja para quién?

-No aguanto más, me quiero ir -me dijo Mariana por enésima vez.

Cansado de tratar de ayudarla a pensar en un nuevo camino, recordé la idea de un amigo.

-¿Y si pensás que la empresa trabaja para vos? Sabiendo que si mañana no vas no pasa nada, ¿qué pasa si tratás de que realmente pase algo? Tal vez podés buscar qué intersección hay entre los objetivos de la empresa y los tuyos y poner todo el esfuerzo ahí. Claramente, no estamos hablando de dinero, porque sería repartir el bizcochuelo; se trata de agrandarlo, decorarlo, rellenarlo y convertirlo en una torta saliendo del piloto automático.

Yo di charlas, mucho antes aún de irme de la empresa.

Si nos vamos a quedar, que sea con ganas.

Y, si no es así, recordemos una frase genial de Nassim Nicholas Taleb:

Las tres peores adicciones son la heroína, los carbohidratos y el salario mensual.

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