In your face Tusam: “Puede salir bien” S03E31

Esta semana viajé de nuevo. Sentado en la sala de embarque esperé a la musa inspiradora, ésa que emite boarding passes para los afortunados que cambian de cabina y trae ideas para el artículo más leído del año. Esperé y esperé. No llegó.

En el vuelo, siempre en turista, también esperé. Esta vez no fue en vano porque pasé el nivel 1462, solo para encontrarme con el 1463, casi imposible, con ganas de decirle: “¡Me merezco pasar, mirá todo el esfuerzo que hice para llegar hasta acá!”.

Al día siguiente amanecí con migraña, de esas que me acompañan cada tanto desde hace 25 años. Hice toda mi rutina para superarla, sin éxito. El desafío: tenía otra charla a la tarde, esta vez sobre el futuro del trabajo. A veces me pregunto por qué me invitan a mí, si no soy un experto. Y siempre me respondo: “Confiá en ellos, por algo será”. Esas dudas me generan autoexigencia y esfuerzo, que suelen desembocar en una conferencia al menos digna.

Pero no me sentía bien. Estuve a punto de cancelar; hubiera sido lo más cómodo. Sin embargo, durante el día, imaginé futuros alternativos según la decisión que tomara, como si mi vida fuera un “Elige tu propia aventura”. Entendí, así, que esto también era una oportunidad. Sí, a veces me paso de optimista.

Search and Replace: “Problema” por “Oportunidad”.

Si no daba la charla, no corría riesgos pero dejaba plantada a una audiencia que, tal vez, había ido especialmente a verme. No me gustaba la idea: ni por eso ni porque me perdía la oportunidad de aprender. Decidí que, si iba a hacer el esfuerzo de darla, probaría algo nuevo, algo que me nutriera, saliera bien o mal.

Es curioso, pero lo aprendí en mi trunca carrera de comediante de stand-up.

Siempre probá algo nuevo.

Voy

A pesar de lo que muchos creen, el standup no es improvisación sino todo lo contrario: los monólogos son súper precisos, así como las pausas y toda la actuación. Como buen nerd, llegué al punto de graficar las RPM de todo mi show para ver qué partes necesitaban refuerzo. Filmaba cada performance y miraba el gráfico del ecualizador. Revisaba cada palabra, cada silencio, cada entonación. Y siempre trataba de mejorar. Por ejemplo, de julio a agosto de 2012 agregué pausas en el texto, negritas para entonación, y un día que no se rieron con el último chiste se me ocurrió un “plan B”:

“Para el puesto de gerente general tenían dos candidatos excelentes. Le hacké la cuenta de Facebook a uno.<pausita, sin reirse> Le puse fotos porno <pausa>. Con el otro. <pausa> Así me nombraron.<pausa>

Un Gerente General es un tipo normal, un empleado más. Gano un sueldo como todos.<pausita> Juntos.

Estaciono todos los días a las 8:15 AM <pausa>. Juego al golf 2 horas, y me voy para la oficina.

Como GG doy muchas charlas en mi trabajo. Cuando empiezo a hablar, cualquier cosa que digo asienten. Cualquier chiste que cuento se ríen. Hasta me tiro un pedo y nadie lo huele. <pausa> (Plan B- SI NADIE SE RIE: voy a tener que traer más empleados)”

¿Revisás tu performance para mejorar?

El fin de semana pasado participé de un seminario con Fred Kofman, a quien admiro desde hace años. Si no vieron sus videos, dejen de leer y véanlos ahora: el artículo puede esperar.

Fred estudia mucho más que yo, pero admitió que nunca se anima a ver sus conferencias porque tiene miedo de descubrir que no es bueno. Y compartió con nosotros la historia de los pilotos de aviones F-15 (creo) de Arabia Saudita y Estados Unidos. Mismo avión, los primeros tienen muchas veces más horas de vuelo que los segundos, pero son mucho peores. Después de investigar, la conclusión fue que la diferencia era el “After Action Review”: los norteamericanos pasan la misma cantidad de tiempo que volaron, revisando en grupo qué hicieron bien y qué pueden mejorar.

“Eureka”, podría haber dicho si fuera Arquímedes. O la gallina. Ésa es la forma de aprender: no es hacer cosas nuevas ni estudiar; es estudiar las cosas nuevas que hiciste.

La transmutación de la acción en conocimiento requiere de humildad y tiempo.

Y vuelvo

Decidí no cancelar aquella conferencia sino usarla como experiencia, como aprendizaje. Fui sin Powerpoint ni Keynote ni Prezi ni nada. Bueno, en realidad llevé postits y un marcador. Y le pedí a un millennial llamado Joaco que me ayudara escribiendo las letras “FUERA” y pegándolas en la pared. Conseguí que no mirara el celular durante mi charla, la próxima pruebo de pedirle algo a cada uno de los 200 asistentes. Ahora que lo pienso, Joaco se quedó con el marcador. Es el precio que hay que pagar.

Encaré la charla como un encuentro de aprendizaje conjunto. Hice participar a la mayor cantidad posible de los presentes. Avanzábamos por el modelo de tendencias que describo en el libro (y en Spotify), FUERA, y cuando llegamos a la “E” ya sabía que estábamos en problemas. El tiempo no nos iba a alcanzar.

No cambió nada que desde el fondo me hicieran señas. “Ya sé, ¿no ves que estoy hablando más rápido?”, quise contestar. Pero sabía algo importante.

Cuando uno tiene el poder, si critica a alguien suele volvérsele en contra.

Y en una conferencia, “poder” se dice “micrófono”.

Compartir hace bien

En septiembre lancé un concurso en Instagram, sorteando el curso online de Oratoria con lo que aprendí -pero nadie me enseñó. Es un curso que se vende bien, en términos relativos: ya tuvo 331 estudiantes (si querés un curso especial para quien fue recién ascendido, felicitaciones, y podés conseguirlo con descuento). Además de que me encanta hablar en público, creo que es una herramienta clave para liderar mejor. Entonces también me encanta ayudar a otros a hacerlo, como muestro en mis artículos Hablo yo o pasa un trenSoy un charlatán: vivo de dar charlas y Una conferencia no termina cuando termina.

Por eso cambié de opinión con respecto al concurso. No lo voy a sortear entre los más de mil participantes. Se lo voy a regalar a todos, incluso a los aburridos de LinkedIn. Te invito a inscribirte totalmente gratis hasta el día martes 9 de octubre de 2018, lo podés hacer cuando quieras. Y a seguirme en Instagram, en donde publico de a poco partes del libro, el backstage de mi trabajo y otras cosas.

En uno de esos backstages, antes de empezar aquella conferencia, charlaba con los organizadores. Bromeábamos con la frase del mago (o algo así) argentino “Tusam”, que antes de hacer algo riesgoso advertía: “Puede fallar”. Fui con la actitud opuesta, sabiendo que iba a fallar, y la frase -que olvidé decir en mi charla- era: “¡Puede salir bien!”.

Se aprende más del error que del acierto.

Y si buscabas qué era RPM, “risas por minuto”. #ForeverNerd

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