En el Largo Plazo Estamos Todos Vivos S03E11

El pasillo

Steven salió de la reunión de Directorio con sentimientos encontrados. Mientras empujaba el carro que cargaba el aparato de 3,6 kilos, revisaba mentalmente toda su presentación. Mucha gente pensaba que los ingenieros eléctricos eran tímidos -y él no escapaba a la regla. Se había preparado mucho para esa reunión tan importante, “tal vez la más importante de su vida”, le había dicho a un compañero del Instituto Politécnico Rensselaer, mientras tomaban una cerveza unos días antes.

Era 1975, un año de revoluciones y atentados en muchos lugares del mundo, pero a él no le importaba. Era un workaholic, palabra que ya existía pero que él todavía no conocía. Apenas le dieron ese proyecto no se puso demasiado contento, lo que tal vez lo llevó a esforzarse más.

Cuando te sacan de la zona de confort tenés dos opciones: volver o agrandarla.

A sus 25 años quería demostrar cuánto valía. Estaba orgulloso de la empresa en la que trabajaba. Quería que le empresa estuviera orgullosa de él.

Días y noches trabajó en el proyecto. La energía fue simple, con 16 pilas “AA” lo resolvió. Dónde almacenar la información fue un desafío, hasta que, en el living de su casa, pensó que se podrían usar los cassettes. Ni se puso a pensar que habían sido inventados por Philips en 1963. Ya estaban totalmente instalados en la cultura y era lo que necesitaba: barato, fácil de conseguir y duradero. Igualmente era un problema porque no quería usar partes mecánicas. Años después contaría que no era por visionario, sino porque no sabía nada de piezas móviles. El cassette fue la única.

La alfombra ocre del pasillo del segundo piso, el piso de los “jefes”, era tan mullida que dificultaba avanzar con el bendito carro. Se notó un poco enojado: se había propuesto transmitir pasión por su invento, pero solo atinó a decir “creo que es óptimo”, con el mismo tono monocorde con el que había pedido un café y dos donas esa misma mañana.

Mientras caminaba veía en las paredes fotos de Henry Strong y su socio, los fundadores, y varios de los inventos de la empresa. Qué contento se había puesto cuando le ofrecieron ese puesto, pensó. Tantos sueños, expectativas y entusiasmo lo llevaron a alquilar un departamento en Rochester bien cerca de la empresa. Mirando esas fotos se sintió más alegre, más satisfecho. El Directorio había visto, con sus propios ojos, lo que su máquina podía hacer. Era magia, un punto de inflexión hacia posibilidades infinitas. No podía fallar.

Siguió avanzando ensimismado en sus pensamientos cuando rozó a una mujer que iba algo distraída con un café en la mano. Deshaciéndose en disculpas, dejó de pensar en su presentación y se abocó a limpiar la alfombra.

El Directorio

-¿Qué piensan? -preguntó el CEO. El negocio estaba sólido, venía de varios años de mejora. Hasta habían instalado su marca como concepto en el vocabulario popular en inglés. Estaban orgullosos. El CEO estaba tranquilo y podía aplicar, sin las presiones de los resultados, lo que su experiencia como gerente le había dado. Eso que había aprendido sin ayuda; claro, faltarían 43 años para que se publicara Soy Solo.

El jefe es el último en dar su opinión.

-Me parece un invento genial -dijo el Director de Ingeniería. Nadie se sorprendió, Steven Sasson estaba en su equipo y seguro lo había ayudado a prepararse.

El Director de Marketing no pudo ocultar su cara de fastidio. Pero el que habló fue el Financiero:

-Me parece una máquina muy cara, mucho peor que las que venimos vendiendo hace décadas con tanto éxito. Debería ser más económica ¡y liviana, por favor!

-¿Tenemos los fondos para seguir investigando? -preguntó el CEO.

-No, por eso hicimos esta presentación, para reasignar partidas a investigación y desarrollo -respondió Ingeniería.

Marketing no pudo contenerse, sabiendo que su presupuesto era el candidato natural.

50% del gasto de marketing es ineficiente – el problema es saber cuál 50%.

-Me parece una máquina inútil; más bien, innecesaria. Los clientes están felices. Vendemos millones de productos baratos, nuestros competidores no nos llegan ni a los talones y nuestra marca es parte del vocabulario de muchos.

Se sentía la energía de Marketing en la sala. Como equipo eran muy exitosos, en buena medida gracias a él. Ingeniería, que tenía poco más de 50 años, pensó en su plan de retiro, ése que tanto le había atraído treinta años atrás, y asintió. No era momento de correr riesgos.

El CEO, con un poco de hambre de reconocimiento, se quedó pensando. Sí, el aparato era muy grande, pero se podría reducir, tal vez un 80%, setecientos gramos no estaba mal. También era 230 veces más lento que lo que ya existía. Tenía sus defectos, pero como empresa podrían subsanarlos.

Sin embargo, también era verdad que las cosas venían bien, estaban cómodos y, al día siguiente, se iba con su familia de vacaciones a Toscana. No era momento para reasignar presupuestos.

El de Kodak, tal vez, fue el pato negro más conocido.

El robo

“Salidera bancaria: motochorros roban bolso a una señora”. Después de cuarenta minutos, dos o tres entrevistas a vecinos y la repetición del video como mínimo quince veces, me siento informado. “Por suerte veo el noticiero”, pensé.

Minutos después imaginaba al gerente de programación de ese canal, junto con su equipo, mirando el rating, la cantidad de gente frente a la pantalla en tiempo real. Lo que antes era una encuesta telefónica discutida, hoy se convierte en información pública en Youtube, y en vivo. Después de pasar el video una vez para llamar la atención y la segunda para que lo veamos, alguien dijo: “Tengo una nota de Internacionales, un atentado en Bengala”. Pero el rating estaba alto. “No, pasemos el video de nuevo”, dictaminó el gerente de programación. Una y otra vez. Y lo mismo en otros tres canales de noticias.

La TV, igual que las redes sociales, suele disfrazar de noticias su objetivo de retenernos frente a la pantalla.

Son todos iguales: Facebook, Linkedin, Instagram, Twitter con su algoritmo y la TV, con decisiones humanas -por ahora. Pero así como LinkedIn se facebookiza (con videos, por ejemplo), los canales de televisión se copian entre sí, sin darse cuenta de que van a perder todos.

Sin diferenciación, se reparte la torta. Con diferenciación, se agranda.

La revolución

Hace poco apareció en los medios una noticia importante sobre la empresa de ecommerce más grande del mundo: estaría planeando ganar dinero. Los analistas de Wall Street, los hijos de los que le pedían a Kodak mejores resultados cada trimestre, no terminan de entender cómo Jeff Bezos creó una empresa que perdió 1600 millones de dólares en sus primeros cinco años… para prácticamente no ganar nada en los siguientes quince. Trimestre a trimestre piden ganancias y distribución de dividendos; impávido, Bezos insiste: “Hoy es el día 1”, como si ganar dinero fuera igual a detener la intensidad con la que invierten y revolucionan, uno a uno, todos los mercados. “Ganar dinero es morir”, parecería decir.

Elon Musk también sufre a los medios y analistas de Wall Street. Hace poco, cuando contrató a dos pasantes para “buscar oportunidades de mejora en Tesla”, ante las críticas, tuvo que responder: “Ford tuvo tres CEOs en cuatro años y nadie se entera, pero atención, ¡¡¡Tesla contrató a dos pasantes!!!”. Días después, comentaba en Twitter: “Está muy mal que un tobillo roto como consecuencia de un accidente de un Tesla sea tapa en los diarios, mientras que las 40.000 personas que murieron el año pasado en accidentes automovilísticos en Estados Unidos casi ni son nombradas”. ¿Tendrá que ver con que Tesla casi no invierte en publicidad?

Soy economista, nacido en 1971. En junio de 1989 hubo 196,6% de inflación en la Argentina. Justo estaba empezando mi carrera. Por suerte no elegí ser economista de profesión, porque tendría que estar encontrando soluciones de corto plazo para las corridas cambiarias y las expectativas. Cuando todo es acerca del largo plazo.

Las soluciones de corto plazo suelen dañar el largo.

Kodak miró el corto plazo y desapareció. Tesla y Amazon miran el largo y revolucionan el mundo (y son dos de mis tres acciones preferidas). Pero tienen que soportar las críticas de los analistas y los medios. Que lo único que quieren es el corto plazo.

El rating en la televisión y la cotización de una acción son como los likes en una foto. Efímeros.

¿De qué lado estás?

Mirar el largo plazo garantiza el corto plazo en el mediano plazo.

En realidad Steven Sasson no llegó a presentarle su invento al CEO, pero en 2009 le dieron a la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación de los Estados Unidos. Hay que tener un poco de paciencia.

El largo plazo llega. Siempre. ¿Estamos preparados?

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