Cuando sea Marzo y Estés Asustado, Acordate :-) S03E21

Salí de la radio y llovía de nuevo. Había sido una conversación muy interesante, al menos desde mi punto de vista como entrevistado. Incluso abrieron el micrófono a oyentes y pude responder alguna que otra consulta. Los programas de radio de sábado a la mañana, ahora lo sé, me encantan. No hay tantas noticias; además, los que los escuchamos no estamos tan interesados en el día a día. Y eso da espacios para, como digo siempre, aprender, invertir en nuestro futuro, nutrirnos: sea hablando de la fatality del Mortal Combat o de lo cansado que estaba Braian por hacer mantenimiento de máquinas que ni siquiera sabe si van a seguir existiendo en el futuro.

Garuaba finito -o al menos mis ganas de usar esa expresión eran muy fuertes. Caminé dos cuadras y me encontré con una peluquería. Pasé de largo y volví sobre mis pasos. Hacía tres meses que no me cortaba el pelo -y se me haría cada vez más difícil. No solo porque no me gusta ir a la peluquería, sino porque hacía unas semanas no paraba de trabajar -en general, tapando urgencias. Y, en ese contexto, no tuve tiempo de hacer algo muy importante.

“No tuve tiempo” no existe. Todos tenemos veinticuatro horas y decidimos cómo usarlas.

A veces siento que soy mi propio coach, que automáticamente me corrijo cuando me hago la víctima.

La digresión

En 2010 fui a un coach nuevo. Diana insistió en que fuera a su estudio. No entendía por qué. Era a mitad de camino entre mi casa y la oficina, así que quedamos a las ocho de la mañana. Al saludarnos, logré espiar un formulario que tenía, con el título de “Programa Carroll de Coaching”, con muchos campos para completar. Vi que apuntaba al primero y me preguntó, directa:

-¿Quién te mandó a hacer coaching?

-Vine porque quise.

-No, todos los que vienen son “invitados” por Recursos Humanos o sus jefes, me gustaría que me cuentes eso. La confianza es la base del coaching. Yo no lo voy a compartir con nadie

Toda la primera sesión -al menos eso sentí- fue para explicarle que conocía mis limitaciones y que una visión de afuera siempre me ayudaba, que no me estaban por echar sino que yo siempre quería mejorar.

Ignorá a quienes ven tus pedidos de ayuda como señal de debilidad. Es de fortaleza.

Unos años después tuve una situación similar dura una charla cara a cara con mi jefa norteamericana que, cuando vio mi tatuaje, me dijo: “Eso se lo hacen en las cárceles”. Un poco después, cuando comenté que hacía terapia, me preguntó cuál era el diagnóstico. Por un segundo pensé que me echaría por ser un criminal psicótico.

El mundo ya cambió, y lo estás mirando con tus anteojos viejos.

Seguí bastante tiempo en la empresa, aunque no con aquella coach. Creo que nunca terminó de creer en mis razones para ir.

Volviendo a lo importante…

En la peluquería pensé sin parar en mi artículo de esta semana. Estaba trabado. Tenía literalmente 700 ideas y unos diez comienzos, pero no sentía ninguno. A pesar de que muchas veces parece que escribo como experto, mis artículos no provienen principalmente de lo que estudio, sino de lo que hago, de lo que me pasa. Tal vez en eso sí soy experto.

Cada uno es experto en su vida.

Mientras conversaba con Mario (a quien conocí en ese momento) a través del espejo, le decía “¡Innová!” y veía cómo le brillaban los ojos. No me intimidaron las tijeras que tenía en sus manos, como sí me pasó en 2010. Parecía pensar: “¿Para esto me preparé tanto tiempo? ¿Para que alguien con mucho pelo me dé libertad?”.

Hace varias semanas, desde que lancé el libro, el tiempo no me alcanza para todo lo que quiero hacer. Más consultas, conferencias, entrevistas… la verdad estoy súper contento. Charlando con mi hermano sobre el nivel de actividad, él, con muchos años de profesional independiente, me dijo sabiamente: “Cuando sea marzo y estés asustado porque no pasa nada, acordate de este julio”.

De tanta actividad, en el camino, perdí de vista lo no urgente, lo importante.

Hace unos días di un mini-workshop sobre Marca Personal con Paula Molinari en la Universidad Di Tella, en donde hice hincapié en una idea simple: no salgan de acá a hacer cambios. Salgan cambiados.

Nuestra marca se construye de a poco, con nuestra acciones, todos los días.

“¡Eureka!”, podría haber dicho si evitara al 100% las malas palabras. Una vez más, lo que compartía con otros me servía a mí. Nunca más cierta la frase sobre ver la viga en el ojo propio antes que la paja en el ajeno. Pero tal vez la actualizaría:

Cuando trates de ayudar a otro, asegurate también de oír lo que decís.

Tanta urgencia, sumado a que procrastinar no me cuesta nada, me había llevado a posponer lo importante, lo que me da de comer a largo plazo, lo que alimenta mis ganas de compartir y ayudar… mis artículos. Obviamente recordé lo que recomiendo siempre.

El corto plazo absorbe todo tu tiempo libre; agendá el largo plazo para protegerlo.

La idea la aprendí como una técnica financiera. Como buen ex-economista, periódicamente hago un presupuesto de mis gastos. Si, después de eso, decidimos cuánto ahorrar con lo que sobra, tendremos un resultado signado por el corto plazo. El “gasto” siempre aparece como más importante que el “ahorro” (que será inversión), pero en realidad es más urgente. Si le damos al ahorro la importancia que queremos y lo “agendamos” (ponemos un renglón en nuestra planilla para computarlo, antes de sacar un subtotal), el resultado será distinto.

Mis artículos son mi ahorro, mi inversión a largo plazo. Si vamos a vivir 120 años, ¿estás pensando en tu largo plazo o te amparás en la excusa del corto?

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