50 Sombras de Gris – y sus Pantones S03E09

(artículo originalmente publicado en LinkedIn)

Mi primera reacción fue insultarlos. “Pero si el año pasado fui a verlos con mi proyecto y no les interesó. ¿Cómo me van a llamar ahora?”, les quería decir. Me habían escrito un mail intentando seducirme: “Vimos tu charla TED y nos interesa el concepto de Disrupting Manager”. Cuando me lo volvieron a decir por teléfono conté hasta diez y dije: “Me pone muy contento su interés, ahora estoy encaminado en un proyecto pero quedemos en contacto para el futuro”. Era la editorial más grande del mundo y esto sucedió hace unas semanas. Quizás fue lo que me inspiró a escribir, unos días después, “antes de visitar a un potencial cliente, de mínima, buscalo en Google”. Nunca di una charla TED.

Ganas de insultar también tuve el viernes pasado cuando, con una carretilla y sin los elementos de seguridad que hubiera tenido si estaba en una empresa, ayudé a bajar de un camión 500 cajas con mi libro para llevarlas al subsuelo del edificio en donde vivo. “Nunca vi a un autor bajar sus propios libros”, me dijo el chofer. “Nunca más lo vas a ver”, casi le contesto, sudando, dolorido pero orgulloso. “Si el proyecto hubiera empezado hace 9 meses sería realmente un parto”, pensé. Enseguida revisé mi agenda. Formalmente empezó a tomar forma en septiembre. Nueve meses.

Desafiate.

No sos solo

En todos mis trabajos anteriores, fui parte de un grupo. Siempre discutimos las cosas y aprendimos. El valor que agrega una segunda opinión o, simplemente, alguien que quiera escucharnos con paciencia es grandísimo. Lo aprendí conversando con otra persona, especialista en segundas opiniones tributarias.

La probabilidad de que una segunda opinión agregue valor es tan alta que debería ser obligatorio buscarla

El sábado pasado di una conferencia para más de mil personas, enfocada en emprender. Uno de los cinco aprendizajes que compartí fue que guardar una idea en secreto la mata y que compartirla solo con gente muy cercana puede engañar.

Desde el escenario recomendé hablar de las ideas y proyectos con más gente, escuchar atentamente las opiniones, incluso escucharse a uno mismo.

¿Será que doy conferencias para mí mismo?

Escuchate.

Me acuerdo cuando el año pasado me quejaba de que “emprender duele”… Había dormido mal una noche. No recordaba lo que era emprender.

Emprender duele pero da gusto. Sarna con gusto sí pica. Pica el cuerpo y da gusto en la boca.

Todos llevamos un nerd dentro

Y, como si uno a veces se olvidara de lo fundamental que resulta pensar con otros, en estos días volví a experimentar su importancia.

El tema que más me tensionó en mi proyecto actual fue cómo hacer las entregas en todo el país. Venía pensando, analizando, consultando con potenciales proveedores logísticos. Desde antes de diciembre estaba preocupado con este desafío, cuando hice un video con lo que había aprendido hasta ese momento.

Buscando una solución, el emprendedor en mí pensó: “Sigue habiendo una oportunidad de negocio para una empresa de logística full service en el país”. Pero el humano dentro mío enseguida lo silenció, al grito de “¡ya estamos emprendiendo, estamos cansados de emprender, no hables más de emprender!”.

Para emprender bien hay que hacerlo con foco.

Y foco es siempre “decirle que no a otras cosas”. De todas maneras, todavía tenía que resolver la logística. Yo seguía consultando, agregando información y opciones a mi menú ya amplio. En una conversación con Daniela, mi novia, terminé agradeciéndole mucho su paciencia cuando me di cuenta de que ya le había contado tres veces lo mismo. En algún momento también pregunté abiertamente en LinkedIn y me arrepentí: tuve muchas respuestas que me llevaban hacia cosas que ya había resuelto, y sentí que varios no leían lo que escribí sino solo el primer renglón.

Si no te contestan tu pregunta, preguntate si preguntaste bien.

En cierto momento de la semana pasada, creo que el jueves, me sentí Arquímedes en su bañera, viendo el agua desbordar y sintiendo una emoción creciente que llevaba mi cara a sonreír. Al grito de Eureka, tomé un bolígrafo y puse en papel lo que venía conversando con mi hijo. ¿Arquímedes habrá llegado solo a su “principio” o habrá tenido alguien que también lo ayudó a pensar?

Llevábamos un par de horas de charla hasta que surgió el tema. Él me escuchaba con paciencia y en un momento -ya no recuerdo si fue él, fui yo o lo hicimos juntos (y no lo recuerdo porque cuando uno piensa con otro eso deja de tener importancia)- empezamos a comparar las opciones. Instantáneamente, recordé una herramienta básica que debería haber usado desde el principio.

Repasemos periódicamente las herramientas que tenemos para trabajar, así no se pierden.

Y la había recordado buscando una enésima segunda opinión.

Escuchá todas las opiniones como si fueran la segunda opinión

Tenía cuatro aspectos a evaluar: la simplicidad para el cliente, la probabilidad de que fallara el proceso, el esfuerzo que requería de mi parte y el costo del servicio. Dos variables de orientación al cliente, dos de costos; razonable.

También tenía tres soluciones posibles.

Era una matriz de decisión, claro. En quince minutos completé la matriz con mis opiniones de cero a tres; diez minutos más me tomó armar tres escenarios para ponderarlas (suponer que las cuatro variables pesan lo mismo, un promedio mucho más orientado al cliente y otro orientado a mi ganancia). Así, rápidamente, entendí que el problema no era qué proveedor usar, sino qué era más importante para mí: que el libro llegue a los lectores o ganar dinero.

Las decisiones bien tomadas se basan en Valores.

Jamás habría llegado por el camino que venía, si no hubiera tenido con quién conversarlo.

Si el camino que seguís ya no te acerca al destino, cambiá de camino.

Poco antes de que el libro entrara a imprenta, me preguntaron qué color de Pantone quería en las guardas. Obviamente tuve que preguntar qué eran guardas. Por suerte “Pantone” ya lo sabía. Y otra vez me contuve, pero casi respondo: “¡¡¡Ponele las 50 sombras de gris!!!”

Ah, y el proyecto en el que estaba encaminado cuando me llamaron los de la editorial era el libro, ése que espera -en las 500 cajas en el subsuelo de mi edificio- para ser presentado en sociedad el miércoles que viene (9/5/18) a las 18:30 en el salón Alejandra Pizarnik de la Feria del Libro de Buenos Aires.

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